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Esta noche no arde la leña en el fogón de la cocina del Potrero. El calor es intenso; Gelo se sentiría aquí como en su casa. Gelo es el nombre que en el rancho recibe Lucifer. Declara don Abundio con tono de magister:

-Esto es cosa del cambio climatérico.

En vez de café o té de yerbanís, en lugar del cálido mezcal de la Laguna de Sánchez, bebemos aguamiel refrescado en el agua de la acequia. Y don Abundio cuenta un dicho de doña Rosa, su mujer.

-Yo la quería a la buena -relata-, la quería pa’ casarme con ella, pero a Rosa le parecía que me tardaba mucho en decidirme. La invitaba yo a platicar por las noches, y ella me contestaba: “¿Pa’ que me invita, si ni me tumba?”.

Todos reímos, menos doña Rosa, que se atufa. Masculla con enojo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

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